Si alguien me hubiera preguntado hace cinco años dónde imaginaba que estaría Aula LGTB+ en este momento, probablemente mi respuesta habría sido mucho más modesta de lo que hoy es una realidad. Me habría conformado con saber que algunos docentes utilizaban los materiales en sus clases y que, poco a poco, el proyecto encontraba un pequeño espacio dentro de la comunidad educativa. Nunca pensé en cifras, ni en reconocimientos, ni en la posibilidad de presentar el proyecto en congresos o jornadas. Mucho menos imaginé que terminaría sosteniendo entre las manos un libro que recogiera buena parte del trabajo desarrollado durante todos estos años. No porque creyera que fuera imposible, sino porque entonces resultaba demasiado lejano como para convertirlo en un objetivo real.
Con el paso del tiempo comprendí que Aula LGTB+ había dejado de crecer únicamente hacia fuera para empezar a hacerlo también hacia dentro. Cada nuevo material exigía un nivel mayor de rigor, una planificación más cuidada y una visión más amplia de lo que el proyecto podía llegar a ser. Los personajes ya no aparecían únicamente en problemas aislados, sino que comenzaban a construir un universo coherente que acompañaba al alumnado a lo largo de diferentes contenidos y cursos. Las colecciones empezaban a dialogar entre sí. Los recursos compartían una misma identidad gráfica y metodológica. Poco a poco fui comprendiendo que ya no estaba creando únicamente materiales para utilizar en clase; estaba construyendo un proyecto educativo con personalidad propia.
Fue precisamente esa evolución la que terminó haciendo posible la publicación del libro Aula LGTBI+: Problemas resueltos para 1º de ESO. Aunque pueda parecer que el libro representa el mayor logro alcanzado hasta ahora por el proyecto, con el paso de los meses he llegado a una conclusión muy distinta. El verdadero logro no es el libro en sí mismo. El verdadero logro es todo lo que tuvo que ocurrir para que ese libro pudiera existir.
Detrás de cada una de sus páginas hay cinco años de aprendizaje. Hay problemas que fueron modificándose una y otra vez hasta encontrar el enfoque adecuado. Hay personajes que crecieron junto al propio proyecto y terminaron convirtiéndose en mucho más que simples protagonistas de ejercicios matemáticos. Hay conversaciones con docentes, sugerencias recibidas después de una ponencia, correcciones realizadas tras utilizar un recurso en clase y muchas horas de reflexión sobre cómo construir unos materiales que fueran útiles, rigurosos y, al mismo tiempo, capaces de representar la diversidad con naturalidad. El libro no surgió de repente. Es la consecuencia visible de un camino que llevaba mucho tiempo recorriéndose.
Mientras trabajaba en él tuve la sensación de estar cerrando un círculo que había comenzado cinco años atrás. Recordaba aquellos primeros problemas publicados casi de manera experimental y me sorprendía comprobar hasta qué punto había cambiado mi forma de entender el proyecto. Al principio mi principal preocupación consistía en demostrar que era posible incorporar la diversidad a las Matemáticas sin alterar el currículo. Hoy esa cuestión ya no necesita demostrarse. Después de cientos de problemas elaborados, de personajes creados, de experiencias compartidas con otros docentes y de todo el recorrido realizado durante estos años, Aula LGTB+ constituye la mejor prueba de que esa integración no solo es posible, sino también enormemente enriquecedora.
Sin embargo, publicar el libro también me hizo comprender algo que quizá resulte paradójico. Durante mucho tiempo pensé que ese momento supondría la culminación del proyecto. Imaginaba que, una vez conseguido, tendría la sensación de haber alcanzado una meta largamente perseguida. La realidad ha sido muy diferente. Apenas terminé de verlo publicado comenzaron a surgir nuevas ideas, nuevos contenidos que desarrollar, nuevos personajes que incorporar y nuevos niveles educativos en los que seguir trabajando. Descubrí que el libro no cerraba ninguna etapa. Simplemente abría una nueva.
Tal vez esa sea una de las mayores enseñanzas que me ha dejado este recorrido. Muchas veces creemos que los proyectos tienen un punto de llegada claramente definido, como si existiera un momento en el que pudiéramos decir que todo está terminado. La experiencia de Aula LGTB+ me ha demostrado exactamente lo contrario. Los proyectos educativos nunca dejan de crecer porque la educación tampoco deja nunca de plantearnos nuevas preguntas. Cada recurso genera nuevas posibilidades. Cada material utilizado en el aula abre caminos que antes no existían. Cada conversación con otros docentes invita a seguir mejorando aquello que parecía completamente terminado. Lejos de producir cansancio, esa sensación resulta profundamente estimulante, porque significa que todavía queda mucho por construir.
Cuando pienso en el futuro de Aula LGTB+ no imagino únicamente nuevos libros o nuevas colecciones de problemas. Pienso, sobre todo, en todas las aulas que todavía pueden beneficiarse de este proyecto. Pienso en el profesorado que aún no lo conoce y que quizá descubra en él una herramienta útil para trabajar la inclusión desde las Matemáticas. Pienso en el alumnado que abrirá por primera vez uno de estos materiales y encontrará personajes que reflejan una sociedad mucho más parecida a la que vive cada día. Pienso en quienes dentro de unos años utilizarán estos recursos con absoluta normalidad y quizá ni siquiera lleguen a preguntarse por qué durante tanto tiempo esa representación estuvo ausente de los materiales educativos. Creo que ese será el mejor indicador de que el proyecto ha cumplido realmente su objetivo.
Durante estos cinco años he repetido muchas veces que Aula LGTB+ pretende contribuir a construir una escuela más inclusiva. Hoy sigo creyendo exactamente lo mismo, aunque quizá formularía esa idea de una manera diferente. Ya no pienso únicamente en la inclusión como un objetivo que debemos alcanzar. Pienso en ella como una responsabilidad cotidiana que se construye a través de cientos de pequeñas decisiones aparentemente insignificantes. Se construye cuando elegimos los ejemplos que utilizamos en clase. Cuando seleccionamos los contextos de un problema. Cuando decidimos quiénes aparecen representados en un libro de texto. Cuando procuramos que ningún estudiante tenga la sensación de que su realidad ha quedado fuera del currículo. Ninguna de esas decisiones cambia por sí sola la educación. Sin embargo, todas juntas pueden contribuir a transformarla poco a poco.
Si algo me gustaría que permaneciera cuando alguien recuerde Aula LGTB+ dentro de unos años, no sería el número de problemas publicados ni las jornadas en las que he tenido la oportunidad de presentar el proyecto. Tampoco los premios, las entrevistas o la publicación del libro, por importantes que hayan sido todos esos momentos. Me gustaría que permaneciera la idea que dio origen a todo este camino: la convicción de que las Matemáticas también pueden ayudar a construir una escuela donde todas las personas encuentren un lugar. Una escuela donde nadie tenga que esperar a una fecha concreta para verse representado. Una escuela donde la diversidad no aparezca como una excepción, sino como una parte natural de la realidad que compartimos.
Mientras escribo estas líneas soy consciente de que este aniversario no pertenece únicamente a quien inició el proyecto hace cinco años. También pertenece a todas las personas que han formado parte de él durante este tiempo. Al profesorado que decidió confiar en unos materiales diferentes cuando todavía eran prácticamente desconocidos. A quienes los han compartido con otros compañeros y compañeras. A quienes me han invitado a presentarlos en congresos, jornadas, universidades o cursos de formación. A las familias que me han escrito para contarme que sus hijos e hijas se habían sentido representados. Al alumnado que ha resuelto estos problemas con la misma naturalidad con la que resuelve cualquier otro ejercicio de Matemáticas y que, muchas veces sin ser plenamente consciente de ello, ha demostrado que la inclusión resulta mucho más sencilla cuando dejamos de convertirla en algo extraordinario.
También quiero dar las gracias a todas las personas que, en algún momento de estos cinco años, me han hecho una crítica constructiva, una sugerencia o una propuesta de mejora. Si algo caracteriza a Aula LGTB+ es que nunca ha sido un proyecto cerrado sobre sí mismo. Siempre ha crecido escuchando a quienes lo utilizan. Buena parte de lo que hoy es el proyecto no habría sido posible sin ese diálogo permanente con la comunidad educativa. Creo que esa capacidad para seguir aprendiendo es una de las mayores fortalezas que puede tener cualquier iniciativa relacionada con la educación.
Al terminar esta entrada vuelvo inevitablemente al punto de partida. Han pasado cinco años desde que publiqué aquellos primeros materiales y, sin embargo, sigo sintiendo una ilusión muy parecida a la de entonces. Continúo abriendo el ordenador para diseñar nuevos recursos con la misma curiosidad que el primer día. Sigo imaginando personajes, escribiendo problemas y pensando en nuevas maneras de acercar las Matemáticas al alumnado desde una mirada inclusiva. La diferencia es que ahora ya no camino solo. Durante este tiempo Aula LGTB+ ha encontrado su lugar en muchas aulas y ha reunido a una comunidad de docentes que comparte una misma manera de entender la educación.
Quizá ese sea el mejor regalo que podía dejarme este quinto aniversario. Comprobar que aquella intuición que nació hace cinco años no solo ha conseguido crecer, sino que ha encontrado a muchas personas dispuestas a seguir construyéndola conmigo. El libro que hoy sostengo entre las manos representa una etapa muy importante de ese recorrido, pero estoy convencido de que no será la última. Mientras existan docentes que crean en una escuela más inclusiva y alumnado que merezca verse representado en los materiales con los que aprende cada día, Aula LGTB+ seguirá teniendo razones para continuar creciendo.
Porque, al fin y al cabo, eso es lo que ha intentado ser desde el primer momento: una demostración de que las Matemáticas no solo sirven para comprender el mundo, sino también para ayudar a construir uno en el que todas las personas tengan un lugar.