Cuando pensamos en matemáticas, muchas veces nuestra mente viaja rápidamente a una pizarra llena de operaciones, ecuaciones interminables, fórmulas que memorizar o problemas que parecen no tener ninguna relación con nuestra vida.
Durante años, muchas personas han crecido con esa idea: que las matemáticas son una asignatura complicada, reservada para unas pocas personas y formada únicamente por cálculos que hay que aprender para aprobar un examen.
Pero las matemáticas son muchísimo más que eso.
Cada 31 de mayo celebramos el Día del Matemático, una fecha perfecta para recordar que detrás de cada número, cada fórmula y cada razonamiento hay una manera diferente de mirar el mundo.
Porque las matemáticas no nacieron para llenar libros de texto. Nacieron para responder preguntas.
Desde las primeras civilizaciones, las matemáticas han acompañado al ser humano en su intento de comprender lo que le rodeaba. Nos ayudaron a medir el tiempo, construir edificios, orientarnos, estudiar los movimientos de los astros, repartir recursos o resolver problemas cotidianos.
Y aunque el mundo ha cambiado muchísimo, esa esencia sigue siendo exactamente la misma.
Hoy las matemáticas están detrás de nuestro día a día aunque muchas veces no nos demos cuenta. Aparecen cuando utilizamos un GPS para encontrar el camino más rápido, cuando escuchamos música en una plataforma digital, cuando vemos una película con efectos especiales, cuando consultamos la predicción meteorológica o cuando jugamos a nuestro videojuego favorito.
Están presentes en la arquitectura, en la medicina, en el deporte, en la economía, en la tecnología, en el arte y en prácticamente cualquier ámbito que podamos imaginar.
Las matemáticas son uno de los idiomas que utilizamos para interpretar la realidad.
Después de años enseñando matemáticas, cada vez tengo más claro que nuestro objetivo como docentes no puede ser únicamente conseguir que el alumnado aprenda procedimientos.
Sí, es importante saber resolver una ecuación, calcular un porcentaje o aplicar un teorema. Pero las matemáticas deberían ser mucho más que una lista de pasos que repetimos sin entender.
Aprender matemáticas también significa aprender a razonar, a equivocarse, a buscar caminos diferentes, a analizar información y a enfrentarse a problemas nuevos.
Porque en realidad una buena clase de matemáticas no empieza con una respuesta.
Empieza con una pregunta.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo podemos resolverlo? ¿Existe otra manera? ¿Qué pasaría si cambiamos las condiciones?
Ahí aparece la verdadera esencia matemática.
Cuando nació Matemáticas Sin Más, el objetivo era sencillo: crear recursos que ayudaran a mis estudiantes a aprender matemáticas a su ritmo.
Vídeos que pudieran volver a ver en casa. Explicaciones paso a paso. Materiales que acompañaran lo trabajado en clase.
Pero con el paso del tiempo el proyecto fue creciendo y también evolucionó mi forma de entenderlo.
Porque enseñar matemáticas no consiste solo en explicar contenidos. También consiste en despertar curiosidad.
Por eso nacieron proyectos como Matemáticas Reales, para mostrar que detrás de muchas profesiones, aficiones y situaciones cotidianas hay conceptos matemáticos esperando ser descubiertos.
Porque detrás de un edificio hay geometría y proporciones. Detrás de un videojuego hay álgebra, física y programación. Detrás de una competición deportiva hay datos, estadísticas y modelos matemáticos.
Las matemáticas están ahí. Solo necesitamos aprender a mirarlas.
Durante mucho tiempo, los problemas de matemáticas parecían ocurrir siempre en mundos imaginarios llenos de personas comprando cantidades imposibles de fruta o llenando piscinas que nadie llenaría de esa manera.
Pero los problemas matemáticos también pueden hablar de nuestro mundo.
Pueden mostrar diferentes realidades, diferentes familias, diferentes personas y diferentes experiencias.
Porque cuando utilizamos ejemplos en clase no solo estamos enseñando matemáticas. También estamos mostrando qué historias merecen ser contadas.
Las matemáticas pueden ser una herramienta para aprender contenidos, pero también para construir aulas donde más estudiantes puedan sentirse parte de lo que están aprendiendo.
Quizá nunca conseguiremos que a todo el mundo le encanten las matemáticas.
Y tampoco pasa nada.
Pero ojalá consigamos que cada vez menos estudiantes terminen diciendo “soy malo en matemáticas” y más puedan descubrir que detrás de ellas hay creatividad, imaginación y una forma diferente de entender el mundo.
Porque las matemáticas no son solamente números.
Son preguntas.
Son ideas.
Son historias.
Son una manera maravillosa de descubrir todo lo que nos rodea.
Feliz Día del Matemático.