Hoy se cumplen siete años desde que publiqué el primer vídeo del canal de YouTube Matemáticas Sin Más.
Siete años pueden parecer poco tiempo. Pero cuando miro atrás, siento que en realidad han sido muchos cursos escolares condensados en un solo proyecto. Porque este canal nació exactamente igual que nacen muchas cosas importantes en educación: dentro de un aula.
La idea inicial era sencilla. Quería que mis estudiantes de 1º de ESO pudieran repasar los contenidos en casa, volver a escuchar las explicaciones y avanzar a su propio ritmo. En aquel momento estaba experimentando con nuevas metodologías y buscaba herramientas que me permitieran aprovechar mejor el tiempo en clase.
Así nació el canal.
No como un proyecto público.
No como una plataforma de divulgación.
Simplemente como una extensión de la clase.
Poco a poco, aquel pequeño experimento empezó a crecer. Lo que comenzó como un recurso para un grupo concreto de estudiantes empezó a llegar a otras aulas, a otros centros y a otras ciudades. De repente, los vídeos que grababa pensando en mis estudiantes también estaban ayudando a estudiantes que nunca había conocido.
Ese fue uno de los primeros momentos en los que comprendí algo importante: Internet puede ampliar las paredes del aula.
Con el tiempo, Matemáticas Sin Más dejó de ser solo un canal de vídeos para convertirse en algo más grande: un espacio donde compartir materiales, ideas, experiencias y reflexiones sobre educación. Un lugar donde las matemáticas no se presentan como un obstáculo, sino como una herramienta para comprender el mundo.
Pero este camino no ha sido sólo matemático.
Durante estos siete años también han ocurrido muchas otras cosas que jamás imaginé cuando grabé aquel primer vídeo. La educación me ha llevado a participar en encuentros con docentes, a compartir experiencias en medios de comunicación y a implicarme cada vez más en la defensa de una educación inclusiva y respetuosa con la diversidad.
En cierto modo, Matemáticas Sin Más ha crecido al mismo ritmo que yo como profesor.
Ha habido momentos de mucha actividad y otros de pausa. Vídeos que funcionaron mejor de lo esperado y otros que simplemente quedaron como recursos útiles para quien los necesitara. Pero siempre ha habido una idea constante detrás de todo esto: compartir.
Porque si algo he aprendido en estos años es que la educación nunca es un camino solitario. Cada vídeo, cada material y cada proyecto forma parte de una conversación más grande que ocurre entre docentes, estudiantes y comunidades educativas.
Hoy, siete años después, sigo viendo este canal exactamente igual que el primer día: como una herramienta al servicio del aprendizaje.
Un aula abierta.
Una pizarra que no se borra cuando termina la clase.
Y un recordatorio constante de que enseñar también es aprender.
Gracias a todas las personas que han acompañado este viaje: estudiantes, suscriptores, docentes, colegas, amigos y familia. Cada comentario, cada mensaje y cada idea compartida ha contribuido a que este proyecto siga creciendo.
Siete años después, el camino continúa.
Y si algo he aprendido en todo este tiempo es que, cuando la educación se comparte, las matemáticas dejan de ser solo números para convertirse en una experiencia colectiva.
Seguimos sumando.